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Itinerario por el Patrimonio Histórico de Adra
 
La demanda relacionada con el turismo de calidad ligado al Patrimonio Histórico y Natural está aumentando, además el público está cada vez más motivado y mas dispuesto a destinar el  tiempo de ocio al conocimiento del “territorio”.
Por ello proponemos que se acerque a la exposición que, con carácter, permanente, trata de recrear la vida cotidiana de Adra en época romana. Alguno de los objetos aquí expuestos fueron rescatados del yacimiento arqueológico del Cerro de Montecristo, una elevación natural sobre el nivel del mar, donde se asentó la población de Abdera (actual Adra), muy importante en la antigüedad.
En el Cerro de Montecristo se han realizado numerosas excavaciones. En la realizada en 1970 se hallaron casas púnicas (siglo IV a.C.), y restos de época republicana romana, altoimperial y bajoimperial. En 1986 una nueva excavación documentó la ocupación fenicia. En la actualidad se trabaja para la valoración del yacimiento.
Numerosas reseñas literarias de la antigüedad hacen alusión a Abdera: Estrabón la menciona cuando realiza la descripción de la costa sur del Mediterráneo, aclarando que se  trata de una fundación fenicia, al igual que Sexi (Almuñécar).
 
Fenicio  
Del mismo modo, P. Mela y Plinio refieren a Abdera en sus escritos, junto con otras ciudades de la osta sur peninsular.
En la actualidad, de Abdera conocemos que una fundación fenicia del siglo VIII a.C., que reproduce una situación habitual del urbanismo fenicio, en la desembocadura del río Adra (o río Grande), sobre un cerro proyectado hacia el mar dominando el estuario del río.

Habitada posteriormente por los romanos, detentó gran importancia en el Mediterráneo central y oriental, sobre todo por la comercialización del “garum” y salazones de pescado. Durante el siglo III se produce un decaimiento de la ciudad, constatándose una ligera recuperación en la siguiente centuria, que se va a mantener hasta el siglo VII, aunque nunca llega a los niveles del Alto Imperio. En los siglos V-VI se documentan contactos con bizantinos. De hecho, a partir del año 555, toda la costa del Sur peninsular  va a pasar a dominio bizantino. Hacia el 621, la zona se debió integrar en el reino visigodo de Toledo.

Son muy escasas las referencias a Adra entre los autores árabes medievales. A mediados del siglo XII, el geógrafo Al-Idrisí afirma que era una pequeña “ciudad”, que tendría varios barrios y alguna alquería dependiente distribuidas por los alrededores. Su economía era esencialmente agrícola y  poseía baños y una alhóndiga para almacenar mercancías. Al mediar el siglo XIV, Ibnal-Jativ, el primer ministro del reino nazarí de Granada, cita el “castillo de Adra” dentro de la comarca de La Alpujarra de los Banú Hassán.

  Torre de la Vela
 

En 1505, bajo el reinado de Juana I de Castilla, se inicia la construcción de torreones y lienzos de muralla que configuran el recinto fortificado de Adra, destinado a la protección y defensa de la población, tanto de ataques piratas y berberiscos, como, accidentalmente, de la población morisca que habitaba en el interior de La Alpujarra. Conocemos a través de fuentes escritas y gráficas, la ubicación del castillo de Adra, que se situaba en las inmediaciones de la actual Plaza Ortiz de Villajos, así como la existencias de dos puertas en el perímetro amurallado: la Puerta del Mar (Plaza del Ayuntamiento) y la Puerta Alta (Plaza Ortiz de Villajos).
A partir del S. XVI y sobre todo en el S. XVII, asistimos a un significativo aumento demográfico en Adra, debido a la introducción y producción de caña de azúcar. Este crecimiento demográfico y económico motivó as sucesivas ampliaciones de la Iglesia de Santa María de las Encarnación (S. XVI-XIX), hasta configurar sus actuales tres naves. Tras el asalto turco de 1620, se convierte en una iglesia fortificada con la construcción de antepechos defensivos con saeteras que circundan las cubiertas de la cabecera. En su interior destaca la talla barroca del Cristo de la Expiración, obra del escultor granadino Alonso de Mena y Escalante, realizadas en 1623.
Otra muestra de  arquitectura religiosa es la Ermita de San Sebastián (S. XVII - XVIII). Se trata de un edificio de planta de cruz latina, construido en 1680 y reedificado en 1751. La imagen de la Virgen del Mar (patrona de Adra) preside su retablo.
Interesante ejemplos de edificaciones civiles correspondiente al S. XVIII son las Cas Señoriales levantadas por los Gnecco, familia de origen genovés que se instaló en Adra  para desarrollar una importante actividad comercial.
La explotación y comercialización minera de la próxima Sierra de Gádor se remonta a época fenicia y romana, si bien será a partir de las reformas introducidas por el rey Carlos III, con la creación de la Dirección General de Minas, cuando se sienta las bases de la expansión minera que se producirá a lo largo del siglo XIX.
Adra era el principal punto donde se embarcaba el plomo de Sierra de Gádor con destino al mercado europeo. En 1822, la cas “Rein y Cía”, del comercio de Málaga, establece la función de San Andrés., introduciendo, en 1827, una de las primera máquinas de vapor en España. Tras la quiebra de la compañía, la adquiere Manuel Agustín de Heredia en 1837, que dtó a la función de plomo de San Andrés de la tecnología más avanzada de la época.
Actualmente, del complejo minero de San Andrés se conserva la Fábrica del Vinagre, acutal Centro de Arte y destinada a albergar exposiciones, y la Torre de los Perdigones, obra de ingeniería de 45 m de altura, considerada como la imagen “representativa” de la ciudad.